sábado, 14 de noviembre de 2009

Aviones.

Desde el puente rojo cuelgan las piernas de dos mujeres que charlan, perdiéndose sus risas en la noche.
la velocidad de los coches surca la avanzada bajo ellas.
Todos siguen con su vida, el mundo continua con sus particularidades, con su prisa y su rutina.
Y los aviones aún circulan por el cielo, haciendo, inexplicablemente, que el puente rojo tiemble a su paso.
Las cosas ganan en importancia cuanto más se habla de ellas. Y los problemas son sencillamente unos de los 6.900 pensamientos que se nos pasan diariamente por la cabeza. El pianista y su batería acompañante nos dieron conversación para rato. y sin embargo aquí seguimos, hablando sobre unos zapatos nuevos... de charol, por supuesto. En nuestra burbuja de silencio.
Echo de menos aquel tiempo en el que me gustaba caminar sin paraguas, beber coca-cola y el futuro era sólo un supuesto.
Lo siento, me he pasado al café.
Les ruego acepten mis disculpas.

domingo, 1 de noviembre de 2009

3 musas.

Qué fácil es tratar de usted a los desconocidos.
Y me gustaría decir todo esto en francés. Pero la vida es así de caprichosa.





Mi querida Jaqueline,
te escribo ahora que no me quedan fuerzas. Ahora que la noche se ha llevado consigo las últimas luces que me mantenían con vida. Se que ya no queda mucho tiempo, lo presiento. Es ese aroma que describen tantos pero que no sabes como es realmente hasta que llega. Y cuando llega, lo reconoces, por supuesto, es inconfundible.
Ahora, en mis ultimas horas, me gustaria confesarte lo inconfesable, lo que nunca te dije, lo que siempre guardé para las largas conversaciones con la almohada.
Septiembre de 1970. No, quizás 1971....
Las cosas estaban jodidas para todos y tu te dedicabas a recoger rosas del jardín, porque siempre decías que los pétalos decoraban tu cuaderno de poesía. En realidad no escribías, todo era una apariencia. Querías ser la poetisa que no eras. Y pensaste que nadie lo sabía. Pero yo lo leí en tus ojos desde el primer momento. Era inevitable. Acabaste fumando, bebiendo alcohol barato y enseñando tu cuerpo cada viernes por la noche. Y yo lo sabía todo y fui lo suficientemente cobarde como para guardármelo....
No se si recibirás esta carta, o será como esas novelas a la deriva en botellas de cristal recorriendo paraísos desconocidos.
Sencillamente, te echo de menos. París no es lo mismo sin tí. Noviembre ha perdido su fantasía, y el arte de las pequeñas sonrisas de alelí quedó oculto en las tinieblas de otro tiempo.


Hasta siempre, mi pequeña musa.

domingo, 25 de octubre de 2009

Qué fácil ser elegante....


Te movías por la calle, con tus aires de elgancia de dandi de otro tiempo, le recitabas versos a la lluvia, y a las mujeres afroditas que algun dia te dedicaron una sonrisa. Robabas fotografías de los viejos escaparates, fumabas tabaco de liar que encontraste en el cajón de la mesilla, humedo, y aunque no pueda caducar, seguramente caducado. Hacías malavarismos en la cama, (al fin y al cabo, tu fuiste quien convirtió el sexo en un arte...). Mirabas siempre de espaldas, y analizabas la musica que nunca llegaste a escuchar. Siempre me pregunto como llegaste a parar a mi ventana....


"Cada día...que sale el sol salgo a verte."


Eres poesía.

jueves, 22 de octubre de 2009

"Un día quiero dejar el mundo entero..."

Las calles estaban mojadas, el día había amanecido frío. Los oches aún tenían restos de helada, de noche, de ayer.
El movimiento callejero se acrecentaba con las primeras luces del día.
Idas, venidas, rápido, lento, velocidad, ruido, mañana, actividad, tráfico.
Todo se concentraba en la mañana que comenzaba a nacer. La vida iba surgiendo.
Una familia se daba un beso de despedida, una mujer encendía un cigarrillo, en la calle de aquella esquina una pareja terminaba de hacer el amor. Todo estaba en marcha.
Pero, en medio de aquel caos, como un punto detenido en la nada, como un silencio, estaba él. Sentado en las esaleras de un portal solitario. Pensando que quizás no debería haberse bajado tan rápido del ritmo de aquel mundo que funcionaba al doble de velocidad.
La prisa se había apoderado de la gran ciudad.
Nadie había reparado en él.
Nadie....excepto yo, que, sentada en el alfeizar de la ventana, inspiraba el aroma del café recién hecho, que tanto sabía a lunes por la mañana, y me dejaba llevar, por la mirada de aquellos ojos marrones verdosos, que, como cada mañana, se habían quedado en su burbuja.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Semáforos de invierno.


Aún llovía a cántaros cuando dejé el paraguas seco sobre la mesa.
Siempre lo llevaba de acompañante y nunca llegué a utilzarlo.
Olía a tabaco, a alcohol y a recuerdo. Pero recuerdo que aquella casa en sí estaba impregnada de todo aquello.
El piano de cola estropeado por el tiempo había sido tapado completamente por fotografías pegadas, y, al lado de él, dejándose llevar por los sonidos de la tarde, bailaban dos bailarines.
El invierno llegó sin avisar, con la nueva moda de los paraguas rojos, con los tacones excesivamente altos de señora y los semáforos en ambar.
Descorché una botella. Al menos merecía la pena brindar, por el concierto de las 12.

Era lunes por la tarde.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Irresponsabilidades a parte...


Los susurros de la brisa se colaban por la ventana, las luces de la noche iluminaban tu rostro, respirabas a intervalos regulares que llegué a medir pero de los que ya no me acuerdo.
Nunca te gustó demasiado que fumase...
La calma de la noche se apoderaba de la habitación, creando un ambiente de paz en mis pensamientos. Quién me lo iba a decir, la música desde luego que siempre lo tuvo oculto.
Los tatuajes del recuerdo me desvelan ahora esas cosas que no llegué a entender.

Volví a tumbarme, hacía frío, y necesitaba que me dejases entrar un poco en tu burbuja.

De mientras, la noche, el mundo, seguían su curso.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Vino barato.


Esperaba en la barra del bar nocturno a alguna mujer que decidió no aparecer.Con su habano regalado y el sombrero descansando al lado del Whisky a medio beber. El jazz envolvía el local, entre el humo y los delirios de grandeza del camarero. Fragancia de escalera de diamantes, de sexo facil, de vino barato, de viernes noche, de pasos de baile. No fue dificil adivinar que buscaba un poco de compañía.Como cada noche, me acerqué a él y me senté a su lado, y , como cada noche, él se levantó y se fue, dejando su nota habitual:
"Champagne para tres, a las doce en punto".