sábado, 7 de septiembre de 2013

Y Elisa, allí en naranja

Y aquel final de verano de 1930 estuvo impregnado de recuerdos luz naranja. Recuerdos que se le cruzaban a Elisa como flashes en aquella ciudad infestada por el calor sofocante de agosto.

Los negros tocaban un ritmo lento y pegadizo en una pequeña tarima fuera del bar verde de la esquina. Y Elisa los miraba, allí de pie, plantada en la calle con su vestido blanco de flores, dejándose hipnotizar por aquel ritmo latino, lento y seductor, que le traía aromas de infancia, de su primer amor, de aquello años... Y el naranja inundaba la calle; y la calle inundaba a Elisa; Y Elisa, allí en naranja, sólo sentía el chan-chan, el recuerdo, y un calor sofocante que se la llevaba, poco a poco...


lunes, 26 de agosto de 2013

Josh y la señora Margerite

Y allí estaban. Josh y la señora Margerite. Sin hablarse, compartían una confianza tácita. Un "nosequé" que les unía, a ambos, en aquel instante. Ella le servía té en la pequeña tacita, regalo de su madre, ya fallecida hacía mucho tiempo. Él le miraba las manos, con ternura y una mezcla de curiosidad. Unas manos que habían vivido tanto... 
Y nadie les veía, allí. En su refugio. Pero en el fondo se sentían observados. Hacía tiempo que sabían que aquella intimidad que compartían no sería bien vista, y sin embargo, ¡ah!, les hacía tan felices...
Josh abrió el estuche de cuero negro con delicadeza y extrajo la cámara fotográfica. La trataba mejor que a si mismo. Le había costado casi 18.000 pesetas en su último viaje a España. Y prefería no hacer la conversión... 
La señora Margerite se había soltado el cabello. Aunque seguía siendo oscuro comenzaban a aparecer las primeras canas. 
Y entonces el primer flash, y después el segundo. Y así se pasó la tarde, y los días... 
Pero pronto llegó el invierno y la señora Margerite contrajo una grave enfermedad. Y allí, en aquél pequeño pueblo, escaseaban los medicamentos. 
Ella falleció en primavera y él quedó sumido en la tristeza, sólo y abandonado. 
Y los vecinos, al ver coincidir los acontecimientos, comenzaron a atar cabos... 
Pasaron varios años y Josh viajó al sur, a la ciudad. Quería estudiar y ser un gran fotógrafo. 
No tardó en llegarle la oportunidad. En el periódico venía. "Concurso nacional de fotografía". Pensó en Margerite y en su tácita confianza. En si ella lo aprobaría. Si le daría vergüenza... pero finalmente decidió intentarlo. El premio era una exposición. Envió la fotografía y esperó. Esperó y esperó. Y cuando ya no podía esperar más llegó la respuesta. Había ganado.
Todo el pueblo se enteró de la exposición del pequeño Josh y fueron a la ciudad para ver la inauguración. 
Y allí estaban, todas y cada una de las fotografías de la señora. Y en la entrada, el comentario del autor.
"En las fotografías se ve a la señora Margerite proyectando sombras chinescas en la pared. Sus manos estaban hechas para ello. Siempre fue su pasión oculta. Hoy dejará de ser un secreto al compartirla yo con vosotros. Pero quisiera que este fuese mi pequeño homenaje. Para usted, Margerite."


lunes, 29 de julio de 2013

Dos Haikus

De porte rojo
desde lejos me mira
ya no hay excusas.



Tu pelo al viento
y ninguna palabra
viene la noche.





domingo, 16 de junio de 2013

Disculpas

Y ella le ataba los cordones como pidiéndole disculpas.
Y él los ataba a ella, para mantenerla cerca...



miércoles, 24 de abril de 2013

Recuerdos

Los recuerdos son intocables.
Etéreos.
Nos sobrevuelan, nos recogen.
Nos amparan en la noche.
Y de pronto, desaparecen en el baile infinito de la memoria,
En el vaivén de palabras.

Un "si es no es" de realidad sin forma.
Un suspiro.
Un humo de cigarrillo a medio apagar.
Un beso.

Las maletas son siempre así,
son siempre recuerdos.
Hacer una maleta es, en sí, un hecho filosófico.
Es transportarnos a nosotros mismos en el espacio.
Proyección de pensamiento en futuro.

Y lo que siempre queda,
aunque sea para volver.

Desde aquí los veo.
Los recuerdos.
Todos juntos en hilera.
Hacia el cielo por la ventana.
Cual humo.
Intocables.
Etéreos.

miércoles, 20 de marzo de 2013

Mi camino verde



“Hoy he vuelto a pasar
por aquel camino verde,
que por el valle se pierde
con mi triste soledad” 
(Carmelo Larrea)

Camino verde que te alejas,
que te llevas contigo todas las sombras,
en tu luz de adioses y melancolía.
En tu hojarasca de otoño,
en tu magia perdida

A veces en tu luz me pierdo,
caminando descalza,
adentrándome más en el sendero,
                                                                                                    [adentrándome.
                                                            Camino verde que te alejas,
que te llevas contigo todas las sombras,
                                                           [en tu luz

¿Qué me espera,
al final,
cuando en la noche,
perdida y sola
me encuentre a mí misma al otro lado?


Ya no sé dónde acaban mis pies y dónde comienza la sombra;
ya no sé si eres, si soy
o si en el mismo momento en el que decido atravesarte,
 tú y yo somos uno.
Ya no hay mujer en la noche,
Camino de hojarasca,
Verde de adioses y melancolía.
Ya no hay líneas que separen el ayer del hoy y del mañana.
El tiempo detenido aguarda.
¿Y la respuesta?
Nadie sabe, todos callan,

Y sólo en ese último instante
en el que mujer, verde y luz seamos uno
podré decir, por fin
que “Hoy he vuelto a pasar
por aquel camino verde,
que por el valle se pierde
con mi triste soledad”


lunes, 11 de marzo de 2013

Hacíanles ser hermosos

Los pétalos le acariciaban el rostro.
Se deslizaban, etéreos,
por las curvas y recodos
de la faz en sombras.

Arrastrábanse en la noche,
rojos.
Desvaneciánse al alba,
yermos.
Y al sol, con las primeras luces,
la livianidad y la esperanza
hacianles ser hermosos.

Los pétalos le acariciaban el rostro.
Se deslizaban, etéreos,
por las curvas y recodos
de la faz en sombras.

Se deslizaban, en cascada y silencio
por sus ojos,
su nariz,
sus labios...