viernes, 21 de marzo de 2014

El encuentro (II)


Y aquí estamos,

frente a frente,
carne contra carne.


Son, al final,
las nimiedades
las que desenredaron este encuentro.
Pero, sí.


Que quieres que te diga
cuando por decir poco queda ya,
cuando el horizonte se extiende ya rojizo ante nosotros. 
Atardeciendo.
Pero no sabría.
Cuando todo,
frente a frente,
cambia.

Pero no sabría.
Cuándo.
Todo.

Carne contra carne.

Son, al final,
las nimiedades.
Pero sí.
El horizonte se extiende ya rojizo ante nosotros. 
Atardeciendo.
Pero sí.

Y aquí estamos.
Frente a frente.


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Amaia Miranda 

jueves, 6 de marzo de 2014

Señora Soledad

La soledad es la mañana en el café pausado, que con dedos temblorosos es asido por la vida.
La soledad es ese leve vatir que remueve el agua negruzca, para después posarse sobre la madera vieja.
La soledad es la luz amarilla que desde la ventana férrea ilumina a la señora cansada que moja sus labios de café infinito.
La soledad es también la imagen de la lectora ausente que, con "Compañía" de Beccket en sus manos, observa a la mujer vetusta de sonrisa frágil.
La soledad es la mañana en el café pausado, que con dedos temblorosos es asido por la vida.


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Amaia Miranda

martes, 18 de febrero de 2014

El halo de la conciencia

 NUNCA
 si
 esta
 herida
desgarradora,
 eterna,
 nuestra,
ahondará
 más allá
de
 aquellos
 días
que 
su 
posibilidad
fue
 [allá]
más
incierta 
que
 la
 oscuridad
 de
 la
 noche
frente
al
alba,
SABREMOS.




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Amaia Miranda

jueves, 30 de enero de 2014

La tormenta y el último hombre

(de dos versos de la entrada anterior surgió, como un hermano lejano, un nuevo poema. Para colaboración con el compositor y amigo Dani López Martín.)



En el espacio vacuo del mar Caspio
todos los hombres miran, silenciosos.
Todos los hombres vigilan, en la sombra.
En el cubículo etéreo de la noche embrumada
todos los hombres ansían, inocentes.
Todos los hombres vigilan, en la sombra.
En la estela final del firmamento frío
todos los hombres aúllan, feroces.
Todos los hombres vigilan, en la sombra.
Pero tan sólo el último de ellos,
sin ya ataduras de los vientos del este,
sin ya leyendas tatuadas en los brazos,
podrá gritar, al alba,
que la libertad última 
ha sido conquistada. 


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Amaia Miranda

viernes, 17 de enero de 2014

Sin ya leyendas tatuadas en los brazos.

Es en esa calle,
en el final de esa calle,
al otro lado de la ribera,
donde la bruma ya se pierde para dejar salir, quizá, el inocente recuerdo de los viajeros de avenida,
que te veo,
a ti observador cualquiera,
postrado, lejos,
sin ya ataduras de los vientos del este,
sin ya leyendas tatuadas en los brazos.
Es ese, el destino, en el fondo.
Una fotografía ya atardeciendo desde la que tu mirada, y la mía,
se encuentran.




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Amaia Miranda


sábado, 4 de enero de 2014

Experimentación mañanera: "L´amour"


Más fotografías en:




Son tus palabras las que encuentro revoloteando en mi boca al despertarme. 
Es tu aliento el que notan mis párpados con las primeras luces.
Es tu rostro la primera fotografía que toman mis ojos al abrirse. 
Y citaría "L´amour est un oiseau rebelle", sólo por el capricho de verte jugar a adivinar, si es, o no, lo que crees...

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Amaia Miranda

sábado, 21 de diciembre de 2013

Último transeunte.

Tan sólo si no sabes mi nombre.
Si crees poder asirlo con tus largos dedos, pero se escapa, se escurre como las ideas en la alborada del sueño. Si las aceras nocturnas lo lanzan al viento, entre las luces a medio gas y las pisadas opacas que resuenan en los edificios, a través del tiempo, cortando la noche efímera, mordaz, libre.
Serás tú, último transeunte del mundo despierto, que perdido en el reflejo de tu propia mirada en el cristal, decidirás no ser ya.
No ser.
No ser más ya reflejo de mirada detenida en el nombre que no sabes, en la pisada opaca que resuena, en la luz a medio gas que parpadea, en este instante último en el que todo se detiene. En el que todo se...

Y si no sabes mi nombre, no dudes en venir, corriendo. Tú. Tú último transeunte del mundo despierto, para tan sólo llamar mi atención, con tu sonrisa torcida, quizás, o tu halo de inocencia, y quedarte a escuchar, tan sólo por esta noche efímera y mordaz, su historia.

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Amaia Miranda