viernes, 2 de enero de 2015

La declaración

La imagen es un farolillo rojo sobre el agua.

Rojo sobre el agua.

La imagen con la que sueño cada vez.

Me despierto y todo es sangre
y no puedo borrar la quietud poética
del rojo sobre el agua
de la luz expandiéndose en hexágonos declamatorios.

Del rojo sobre el agua.

La imagen es siempre la misma
y se repite, en verde, rojo y naranja
como un flash que no puedo apartar de la memoria consciente de la retina
(parece contener en sí misma la respiración del universo,
tan violenta y tan en calma).

La imagen con la que sueño cada vez.

Adquiere movimiento, y yo, desde mi perspectiva, giro sobre mis pies a velocidad vertiginosa,
como si la contemplase desde un tren móvil en manos de la incertidumbre.
Pero al final llega una última sacudida
y todo se detiene:

el farolillo se apaga
y la sangre se derrama roja sobre el agua.



El grito se escucha, a lo lejos, y yo me despierto, aquí, en la celda.










sábado, 6 de diciembre de 2014

En el cubículo

Gota a gota
mi cuerpo se disuelve;
bajo el calor
me vuelvo un escuchar el vacío
en el cubículo.

Gota a gota
es un fluir acústico
mi cuerpo desnudo
disolución de lluvia
el calor desde el metal,
en el cubículo.

Allí,
mis manos sienten los secretos
no soy y soy

agua

escucha

cuerpo.


[En el cubículo. 


Soy, contra lo que no soy, y viceversa.
Soy, contra lo que nunca he sido.


[En el cubículo. 








...

Amaia Miranda





jueves, 4 de diciembre de 2014

Ana, la muerte y nosotros.

La primera vez que vimos a Ana no llegamos a verla si quiera. 
Fue un desliz, un trasluz, un "siesnoes de realidad sin forma". 
Ella estaba detrás de aquel espacio-tiempo y nosotros al otro lado de aquella cuarta dimensión. Los edificios de tiempo se desmontaban a su al rededor y la cobertura en nuestra sección era ciertamente inexistente. Ana era una señal entrecortada de emociones codificadas que se filtraban por la retina de una de las pantallas que andábamos manejando. Ana era deidad etérea y única, trasluz y desliz entrecortado. Ana existía y no, en una dualidad paradójica. Pero Ana era aún más poética en su existencia etérea que en su materialización más absoluta. De haber llegado a ser. 

De haber llegado a ser, Ana hubiese sido un brillo cegador de lucideces encadenadas. Pero no era, y eso lo sabíamos desde el principio. Sin embargo, surcábamos a tientas ese lugar común con la esperanza vaga de dar con ella. Porque sin ser, sin haber sido nunca, sabíamos que estaba allí, aguardando. Con su poética etérea. 

La primera vez que vimos a Ana, un silencio estremecedor nos heló la sangre. Uno de esos silencios perceptibles, más ensordecedores que el sonido más abrupto. Uno de esos silencios que surgen ante la evidencia de lo extraordinario. Pero no teníamos sangre. Simplemente vacío en el cuerpo. Silencio llenando el vacío. 

Pero no teníamos cuerpo. Solamente vacío yermo, vacío flotante, anegado de silencio. 
Pero no teníamos cuerpo. 

De haber tenido cuerpo, hubiésemos tenido sangre. Y de haber tenido sangre, la sangre se nos hubiese helado en el cuerpo. Pero vagábamos en un existir incorpóreo, y ni siquiera alcanzamos nunca a entrever a Ana. Pero en nuestro no-cuerpo, percibimos a la no-Ana, como el silencio más profundo. Como la nada ante la nada, violenta. Sedienta de silencio, sedienta de no-seres, de preguntas, de callados. Como dos inexistencias reconociéndose iguales, admirándose desde su única consciencia del no ser. 

La primera vez que vimos a Ana, supimos que la muerte era una realidad más palpable que ninguna otra. Más verdadera y absoluta. Y sin embargo, seguimos avanzando. Siempre hacia delante, hacia lo desconocido. 

Sólo mucho después llegamos a ser conscientes de que Ana, la muerte y nosotros, como vacío yermo anegado de silencio, éramos un mismo ente avanzando en paralelo...



.

Amaia Miranda






domingo, 9 de noviembre de 2014

pseudo-haiku de buenos días

Las sábanas no son suficientes
se despierta
el frío ha llegado a Barcelona


.

Amaia Miranda

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Las bestias y las sombras bailan en la antesala (ejercicio de engranaje)

Su rostro férreo
es férreo
su rostro,
las sombras diluidas,
las bestias,
el hombre,
universos fantasmagóricos,
y,

su rostro férreo,

despierto,
es férreo,
su rostro;
siempre detrás
acercándose
soluciones palpables,
fantasías ilícitas,
el hombre,

después,

a través del rojo mirar de sus días pasados,
movimiento,
las sombras,
las bestias.



Y en el encuentro,
ríos de sangre, 
grito animal,
miedo, duda, silencio,

después,
todo es;
todo quietud
todo silencio;
roja paranoia,
tregua sin tiempo,


ahora
su rostro férreo
es férreo rostro dormido,
el hombre;

las bestias,
y las sombras,
bailan en la antesala. 






aquí el engranaje:

Las sombras y las bestias se ciernen sobre su rostro férreo,
proyectando en él universos fantasmagóricos de miedo,
duda y silencio.


Se le acercan, a veces, soluciones palpables a sus fantasías más ilícitas.
Y a través del rojo mirar de sus días pasados,
puede llegar a preverse su próximo movimiento.



Pero cuando los ríos de sangre envuelven el instante audiovisible,

y bestia, hombre y sombra se encuentran

el grito animal toma forma

respondiendo el miedo,
rompiendo la duda,
muriendo de silencio;


Tras él, 
todo es quietud, 
roja paranoia
tregua sin tiempo;

El hombre queda dormido,
y las bestias y las sombras bailan en la antesala


.

Amaia Miranda

lunes, 13 de octubre de 2014

¿Quién eres?




¿Quién eres?
¿Dónde estás?
No te veo
no te oigo
no te siento
.
Solamente tu silueta se perfila,
azul
emitiéndome señales de erotismo
nocturnidad y existencia;
solamente tu silueta se perfila
pulsión ultravioleta,
incitando a los instintos
y poniendo a prueba la veracidad de la memoria
.
No se si fue ayer cuando te vi
a lo lejos
destello incandescente;
pero pensé que quizá
apenas perfilado
no serías más que un pensamiento dado forma
y como toda forma impalpable
te esfumarías 
en el mismo momento en el que tratase de acercarme
.
No se si fue ayer cuando te vi
no si si te vi si quiera;
si tan sólo pudiera recordar cada detalle
pero pareces deshacerte 
con la misma velocidad 
con la que llegaste a perfilarte
.

No se quién eres
y aquí
te me antojas silueta de todos los presentes
forma física inmaterial
de la existencia misma
del yo y el tú
representados en azul
unidos en línea única;
unidos,
como dos cuerpos unidos


.




¿Quién eres?




...

Amaia Miranda




miércoles, 24 de septiembre de 2014

Autorretrato

Tampoco se trata de comprimir lo incompresible,
de reducir lo irreductible,
de narrar en un suspiro la intensidad entera de la existencia propia.

Pero no dejo de pensar que, en parte,
ese es el objetivo último
el serse capaz de autorretratar
en el reflejo más minúsculo
sin dejarse apenas para los amigos
aquella cana rebelde
que no existe pero es en potencia.

Al final son una misma cosa
reflejo y objeto
la diferencia es ese sentir,
esa conciencia a la vez externa y propia
ese uno mismo auto-recreado en la mente
que no es ni objeto-agente ni reflejo-paciente
sino el camino entre ambos;
idea fantasiosa de un querer y no poder de doble filo
que al mismo tiempo engaña, frustra y difumina,
fascina y embelesa
y se queda allí
en el limbo del no ser de la propiocepción
y que en el fondo, de ser algo,
es ese nosequé que reduce lo irreductible
y comprime lo incompresible.

A penas un suspiro impalpable
que contiene la intensidad entera
de la existencia propia.




...

Amaia Miranda