Me tocan árboles transparentes:
en las aceras, llenas de coches,
imagino la tierra como era antes de ser
todo esto que me rodea.
Aún, cuando deslizo los dedos por las paredes de ladrillo
enganchándome en cada rugosidad del plano,
intentando escuchar el momento en el que la fricción de la carne contra la piedra genera el primer "fris-fris",
no puedo dejar de pensar que todo lo que ven mis ojos
nace de las manos y de las mentes de los hombres que han podido ver con sus ojos,
con los ojos de sus padres
y los ojos de los padres de sus padres
todo aquello que yo ya no puedo ver
si no cierro antes los míos.
Me tocan, los árboles transparentes
como si fuese la memoria de esos hombres
llamando a las puertas de mi memoria.
Repiten, como un mantra:
la palabra artificial es artificial en sí misma.
sábado, 4 de junio de 2016
martes, 31 de mayo de 2016
Bestia humana
Cuando pienso que hoy es martes
hay un movimiento sísmico
que transporta mi humanidad
a una cinta móvil de cadáveres en masa
atravesados por quehaceres parpadeantes.
Cuando pienso que hoy es,
hay un cambio de plano imperceptible;
la humanidad se apaga:
se despierta la bestia
menos bestia que la parte humana.
En el cambio, chocan ambos por un segundo:
se miran a los ojos sabiendo
que su coexistencia efímera sólo es posible durante el segundo que comprende el cambio de rol.
Aúllan, en grito animal, en lágrima humana, al reconocerse.
Y al volver, ya no queda pensamiento.
Ya no se el significado de una entidad matizada por su denominación de martes:
la vida se extiende como un horizonte desfronterizado de tiempo, desfronterizado de razas,
donde los deberes se transforman en quereres
el humano duerme
y la bestia, baila.
hay un movimiento sísmico
que transporta mi humanidad
a una cinta móvil de cadáveres en masa
atravesados por quehaceres parpadeantes.
Cuando pienso que hoy es,
hay un cambio de plano imperceptible;
la humanidad se apaga:
se despierta la bestia
menos bestia que la parte humana.
En el cambio, chocan ambos por un segundo:
se miran a los ojos sabiendo
que su coexistencia efímera sólo es posible durante el segundo que comprende el cambio de rol.
Aúllan, en grito animal, en lágrima humana, al reconocerse.
Y al volver, ya no queda pensamiento.
Ya no se el significado de una entidad matizada por su denominación de martes:
la vida se extiende como un horizonte desfronterizado de tiempo, desfronterizado de razas,
donde los deberes se transforman en quereres
el humano duerme
y la bestia, baila.
sábado, 30 de abril de 2016
la "sociedad" nos dice
La "sociedad" nos dice:
puedes seguir pensando en tus dolores,
cuando nadie te mira,
cuando nadie te ve;
puedes seguir pensando en tus amores,
una vez llena la boca de vida
una vez llena de heridas la piel.
puedes seguir pensando en tus dolores,
cuando nadie te mira,
cuando nadie te ve;
puedes seguir pensando en tus amores,
una vez llena la boca de vida
una vez llena de heridas la piel.
martes, 5 de abril de 2016
llueve la lluvia que llueve
Llueve la lluvia que llueve
y moja las aceras y los párpados:
parece otro lugar Barcelona,
sobre el hierro del manillar.
Se encuentran las coordenadas
bajo el veloz girar de las ruedas,
norte y este enfrentados,
volando el agua,
a lo lejos pita un coche.
[Tengo un amigo que dice,
que es toda una aventura verme montar en bicicleta.]
Llueve la lluvia que llueve,
sobre el asfalto, tiñéndolo de verde.
Llueve y me trae al hogar,
el hogar del hogar que no vuelve.
viernes, 19 de febrero de 2016
celofán
Desfilan en hilera todas las sombras
enajenan el instante
deslucen lo evidente y después
después de su paso
después, el instante se alumbra:
era evidente ya desde antes pero por un momento
parecía que el infinito pudiese acostarse en mi cama
y llenarla del perfume al que huele el infinito;
Ahora ya no
el tiempo es pasado
y tiende la alfombra roja desde la subconsciencia
hacia la comprensión
trayendo la calma
trayéndome en calma.
Me miro al espejo y veo cómo el efecto desdoblado del celofán
tiembla un instante y se funde;
desde el otro lado alguien mira también
me es familiar, pero no puedo observar sus rasgos lo suficiente
como para describirlos aquí en detalle.
Han pasado las sombras ya,
le han borrado de la imagen.
Entiendo después, al alumbrarse, lo evidente.
Se dibuja la sonrisa oculta, me desnuda de a poco,
me invita a bailar sobre la alfombra,
roja de consciencia.
Sigue mirándome desde el otro lado, mis ojos cerrados son coraza.
Ya no importa más. Sombra o mirada.
Pasan, y después,
sólo queda disfrutar.
enajenan el instante
deslucen lo evidente y después
después de su paso
después, el instante se alumbra:
era evidente ya desde antes pero por un momento
parecía que el infinito pudiese acostarse en mi cama
y llenarla del perfume al que huele el infinito;
Ahora ya no
el tiempo es pasado
y tiende la alfombra roja desde la subconsciencia
hacia la comprensión
trayendo la calma
trayéndome en calma.
Me miro al espejo y veo cómo el efecto desdoblado del celofán
tiembla un instante y se funde;
desde el otro lado alguien mira también
me es familiar, pero no puedo observar sus rasgos lo suficiente
como para describirlos aquí en detalle.
Han pasado las sombras ya,
le han borrado de la imagen.
Entiendo después, al alumbrarse, lo evidente.
Se dibuja la sonrisa oculta, me desnuda de a poco,
me invita a bailar sobre la alfombra,
roja de consciencia.
Sigue mirándome desde el otro lado, mis ojos cerrados son coraza.
Ya no importa más. Sombra o mirada.
Pasan, y después,
sólo queda disfrutar.
domingo, 13 de diciembre de 2015
más bien tiene cara de caballo
Es viejo y no es amor
más bien tiene cara de caballo
todos le gritan
"¡eh, tú! ¡el del sombrero!"
pero él sigue caminando recogiendo sus luces a modo de canon-jack.
Al final del día,
de las escaleras -todo es lo mismo-
descubre que su sombra puede
plegarse de forma equidistante
y eso le hace sonreír;
quizá lo único distinto
es que ya no puede escuchar el ulular del viento
sin pensar qué notas están sonando:
de ahí el sombrero,
para escuchar el mundo un poco más opaco.
Eso, también es huir.
más bien tiene cara de caballo
todos le gritan
"¡eh, tú! ¡el del sombrero!"
pero él sigue caminando recogiendo sus luces a modo de canon-jack.
Al final del día,
de las escaleras -todo es lo mismo-
descubre que su sombra puede
plegarse de forma equidistante
y eso le hace sonreír;
quizá lo único distinto
es que ya no puede escuchar el ulular del viento
sin pensar qué notas están sonando:
de ahí el sombrero,
para escuchar el mundo un poco más opaco.
Eso, también es huir.
martes, 1 de diciembre de 2015
luz de agua
Luz de agua, eres como luz de agua: mirarte es atravesar con los dedos la crisálida de un océano que encierra a un niño con un dólar y a mí, hablándonos bajo el agua.
Hace frío aquí, y todo es de un azul tan intenso que se me hiela la sangre; me vuelvo pálida, mi rostro, mis manos, las puntas de los dedos moradas. Pero es tan inmenso. Todo lo que me rodea es tan inmenso y sólo estamos el niño y yo, en la piscina del mundo.
Allí dónde ya no alcanza la vista se esconde el negro, los peces y las plantas quizá estén detrás, pero yo hace mucho tiempo ya que no veo a nadie por aquí.
El niño ha soltado el dólar y ahora flota entre nosotros como un fantasma que predice, o que quizá nos recuerda cómo acabamos aquí.
Se acerca un barco, el niño también se acerca. Le abrazo para darle calor, para darme calor, y levanto los dedos para rozar la crisálida. El barco nos deja sin luz y hace un ruido tan grande que se confunde con silencio.
Ya hace horas que se, que no late el niño que abrazo. Ya hace horas que se, que el negro es tan negro, que se confunde con luz de agua. Y mientras me arañan los gritos la conciencia,
te miro atravesando el tiempo y se rompe la crisálida.
Hace frío aquí, y todo es de un azul tan intenso que se me hiela la sangre; me vuelvo pálida, mi rostro, mis manos, las puntas de los dedos moradas. Pero es tan inmenso. Todo lo que me rodea es tan inmenso y sólo estamos el niño y yo, en la piscina del mundo.
Allí dónde ya no alcanza la vista se esconde el negro, los peces y las plantas quizá estén detrás, pero yo hace mucho tiempo ya que no veo a nadie por aquí.
El niño ha soltado el dólar y ahora flota entre nosotros como un fantasma que predice, o que quizá nos recuerda cómo acabamos aquí.
Se acerca un barco, el niño también se acerca. Le abrazo para darle calor, para darme calor, y levanto los dedos para rozar la crisálida. El barco nos deja sin luz y hace un ruido tan grande que se confunde con silencio.
Ya hace horas que se, que no late el niño que abrazo. Ya hace horas que se, que el negro es tan negro, que se confunde con luz de agua. Y mientras me arañan los gritos la conciencia,
te miro atravesando el tiempo y se rompe la crisálida.
Rothko, Green Over Blue, 1956
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