martes, 7 de febrero de 2012

"El mundo de"

Todo final tiene un algo de poético.
De irrepetible y trágico,
De infinitamente bello.
Nos sumergimos en el mundo de lo perfecto,
de la rutina diaria, de la superficialidad del trabajo y el esfuerzo.
nos sumimos en mares de cotidianidad y seguridad conocida.
Perdemos la capacidad de la aventura y el sueño en el momento en el que descubrimos que toda nuestra vida está planificada por la sociedad. Si si, planificada. No puedes dar un paso en falso sin sentir la mirada de todos aquellos que caminan en la dirección a la que apunta ese gran dedo colectivo.
No hay cabida ni para el planteamiento en si. El cambio aterra y todo aquel que exige un porqué es tildado de revolucionario. Y cómo no, si todos aquí hablan pero nadie escucha...
La guerra de palabras se libró sin avisar, en tierra de nadie en el rincón del jardín de casa. Y me encontré a un niño con un diccionario a modo de granada en su mano izquierda. Amenazando con descubrir a los portadores del presente que tanto cobran y tan poco dicen.
Y me encontré con vosotros, representantes del caos, envueltos en ideales de cartón piedra que caen por su propio peso - inexistente...
Sentada frente a la ventana del mundo me entró un ataque de risa.
Y es que no puedo evitar la dicotomía admiración/desprecio que me produce.
¿Cómo salir de la espiral eterna del "yo de mayor" para entrar en el "yo ahora. lo demás ya se verá"?
Dicen que un hombre con una cicatriz de colores en el labio porta la llave que abre la puerta de la "alternatividad". Pero incluso él, ellos, nosotros y aquél que se esconde en la tercera fila, -si si, tú, no te agaches que te veo- formamos parte de otro todo que, a su vez, ya es un algo sumergido en el mundo de lo imperfecto, del rechazo a la rutina diaria, de la profundidad, de la "alternatividad" y el cambio por el cambio...

miércoles, 18 de enero de 2012

Respirar mañanas de zafiro

Las olas rompen contra la piedra,
suspiro,
el ahora, replegado en el entonces nos llama,
inspiro,
pintando de luz de miércoles el momento,
espiro,
componiendo de nácar tu mirada,
suspiro,
susurrando mañanas de zafiro.
                                        [inspiro.
Y será en el último azul cielo,
espiro,
cuando por fin,
suspiro,
sin quererlo,
inspiro,
la vida se nos pase volando
expiro.

jueves, 12 de enero de 2012

último acto.

(Ella camina por una carretera interminable, solitaria. El sol alumbra los trigales que crecen a ambos lados del camino. Huele a comienzos de estío, a lluvia mojada, a libertad. A lo lejos, desde un edificio lejano, una mujer la observa desde un viejo balcón, mientras su vestido ondea al viento. Ve como ella baila, se mueve, marca el ritmo con los pies de una melodía pegadiza que ninguna escucha. Sólo, si acaso, en su cabeza. Va acercándose poco a poco al lejano edificio. Entonces, cuando se encuentra a la altura del balcón, se detiene. )

ELLA: Perdone, ¿ha visto usted a la dama de rojo?

LA MUJER DEL BALCÓN: Depende.

ELLA: ¿Podría decirme en qué dirección se fue?

LA MUJER DEL BALCÓN: Depende.

(Ella sacude la cabeza y decide seguir adelante... hasta que escucha, de pronto, el leve agitar de unos zapatos de charol corriendo. Una mano que se posa en su hombro, una sonrisa al volver la mirada. Entonces lo entiende, lo comprende, el sentido de su viaje, y de las verdades que buscó desde su partida. Siempre habían estado allí, junto a ella.)

LA MUJER DEL BALCÓN: ¿Tanto te has perdido en tu búsqueda interna, que ya no sabes reconocer que la dama de rojo... eres tú?

(Ella sonrie.)

ELLA: Te he echado de menos Martina.

(las dos mujeres se funden en un abrazo.)

FIN del último acto.




sábado, 31 de diciembre de 2011

La lista de los 10 indispensables

Los bordes están cerca. El fin de un año más siempre me acerca esa sensación de calma, de paz interna, de fin de un nuevo ciclo, único y maravilloso, con sus puntos fuertes, sus puntos afrutados y sus aromas a jazmín, bicicleta y vino añejo. En la cocina solo queda un frutero vacío, una silla descolocada y un cenicero sin lavar. El pintor de batallas utilizó una brocha gorda para empapar el presente de recuerdos, y el músico de renombre se olvidó de la sinfonía de repuesto en el partido de las 12. Yo sólo espero no atragantarme con las uvas, para poder estallar en carcjadas cuando todo acabe, y nos encontremos besándonos, y abrazándonos por el reencuentro. ¿Se celebra el final o el comienzo? No es más que otra de esas paradojas que conviven en mi mente junto a otros 6998 pensamientos. La mayoría te los dedico y en el resto me pierdo… Imagínate. Enero en persona viene a visitarnos. Muchos decían que había amenzado con no volver este año. No les creí. Nunca les creo. Apostar no es lo mío pero esta vez me jugé una convinación muy tentadora y tres estrategias de ajedrez a favor. Y con el pelo se me fueron las ideas. -¿No lo creés así, acaso? Pero que iluso, che. No te dizte cuenta de que cada ves que muerdo tu boca te ponés asi como tonto? Es de lo más agradable!- Pero por favor, señores. Díganme que hoy no sonríen. Díganmelo y les dejeré en paz de aquí a las próximas tres eternidades. Díganme que su política de derechas la han creado ustedes mismos, que no se la dicta el mercado, y quizá les otorgue un pelín de credibilidad. ¿Y esto es la democracia, por navidad? Que cada cual juzgue con su propia cabeza. Si por mi fuese… pero, eh. Positividad. ¿Qué nos queda, si no? Ya dije una vez que el análisis es indispensable, necesario y extremadamente útil. Pero, ante todo, seamos un poco inteligentes. Nos toca vivir aquí, nos guste o no. En este siglo y en estas circunsatancias, asique, dejemos por una noche, y sólo por una noche de analizar, criticar y rechazar, y saquémosle jugo a aquello que se asimile más a una naranja de toda esta superficialidad. Ya decían por ahí que somos ciudadanos de un lugar llamado mundo. Ciudemos un poco más de nuestra casa, y de nuestros vecinos. Pero hoy los bordes están cerca. El fin de un año más siempre me acerca esa sensación de calma, de paz interna, de fin de un nuevo ciclo, único y maravilloso, con sus puntos fuertes, sus puntos afrutados y sus aromas a jazmín, bicicleta y vino añejo...

sábado, 24 de diciembre de 2011

Bizcocho de intercambio

Ah...
pero es lo de siempre.
Llevo intentando comprender tu existencia desde el inicio, pero las respuestas a todos los interrogantes se me escurren entre las manos...
el frio enfria las ideas y congela a los poetas errantes que tabaquean y cafetean en cualquier esquina.
El ser humano, se repliega en invierno hacia la comodadad de los instintos; En busca del calor humano, la manta y la buena conversación a la luz de una chimenea. La pereza y la somnolencia se apoderan de todos aquellos que sacan un pie de la cama y comprueban que aún no ha llegado el momento.
La ciudad se apaga y las orillas se calman.
Es entonces cuando salgo a la calle, para admirar el flujo de la vida y el tiempo.
Una bonita representación, con un intenso segundo acto en tus manos, frias.
Aquí, en ese lugar en medio del todo y de la nada, las sonrisas se intercambian por bizcocho recién hecho.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Té verde y rosquillas.

La ciudad se hacía eco de nuestros pasos.
Apoyadas en los bancos del Parc Güell el mundo se nos extendía ante los ojos, pareciendo un poco más nuestro.
La vida, sin freno y siempre de prisa, parecía detenida en el cálido invierno de Barcelona.
Ella, pintora de sueños y creadora de ideas espontáneas, bailaba semidesnuda al son de las horas. De los días y los meses. La hojarasca y la nieve derretida.
No había un él, ni un nosotros ni un nuestros.
Había un todo y un punto y coma de cartón piedra no demasiado estable.
Los vecinos llegaron a quejarse. Demasiadas veces, y demasiado pronto, el ascensor quedó estropeado de tanto amor y tanta mierda. De tanto saxofón y contrabajo de escalera, de tanta risa, salto y paso.
Y ella, "una altra" ella, hermosa, bella, elegante, mujer. Que corre bajo el sol del final de día con los brazos extendidos, aspirando la vida que le otrogan la velocidad y la adrenalina. Por el centro de la carretera, cual reina de su propio universo. Se quedó atrapada en los brazos de morfeo y afrodita y quiso dejar de ser, y volar, en silencio y a escondidas de unos ojos vigilantes...
Y una última ella, pronunciada, sin dejarse ninguna "L", amante del todo y de la nada, plena de amor, de buena voluntad y cariño. Curiosa y suya, en su mundo de particularidades propias, de valentía y olvido, de nuevas experiencias, de rojo carmín..
Tres mujeres, que con sus sombreros, bufandas y guantes, bajaban a merendarse la vida y sus misterios. Cantaban melodías infinitas, sorprendían a las olas en la Barceloneta y corrían en la noche profunda.
En algún momento, todo aquel espectáculo de color y maravilla confluyó en un mismo punto y nos sorprendió, a las tres de la madrugada, colgando un cuadro en la pared.
Y al fin, mucho después, un observador ajeno descubriría tres almas, tan distintas y dicotómicas, dormidas en el sofá, arropadas por la manta y dos pequeñas estufas, con una vieja película de fondo....
Barcelona nos enredó por casualidad y se quedó a vivir con nosotras.
Ya no se quién fue la primera en ofrecerle té verde con rosquillas...
Recién hechas, por supuesto.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Som-hi!

¿Habrá algun modo de que el mundo se reconcilie consigo mismo?
Reina el egoísmo, la individualidad, el yo con el yo en oposición al tú, e incluso al nosotros...
sin ser conscientes de que todos vamos en el mismo barco.
No exiiste la destrucción individual sin que exista la destrucción colectiva. Todos somos uno. Precisamente por ello quizá el mundo sea esférico, sin esquinas... un ciclo circular infinito, del que cada uno forma parte, pero no en su individualidad, sino en su colectividad.
¿De qué sirve la felicidad propia frente a la desdicha ajena?
Pero todo finalmente, se reduce a un problema de comunicación.
Como bestias, nos gritamos señales de amor y sólo vemos alarmas de guerra.
Cuando arriva la catástrofe, la situación se vuelve dicotómica: o nos aferramos a cualquier luz de esperanza como a un clavo ardiendo, o vemos imposible la salvación y todo lo minimamente bueno nos parece una ameneza.
Es el eterno círculo vicioso...
la espiral eterna, de Brouwer.
Si, si, si.
En efecto señores.
La guitarra seguirá sonando de fondo aunque las torres gemelas vuelvan a derrumbarse desde el subsuelo.
Y no, esta vez no.
Yo, con todos los que quieran acompañarme, seguiré, como los músicos del titánic, impulsando
los atisvos de belleza que queden por descubrir.
Mi cigarrillo, mi silla plegable, mis ideas y mi sonrisa dan para mucho.
Dejemos de luchar unos contra otros, y busquemos la catársis,
que caer, sirva, sencillamente, para aprender a levantarse.
Vamos.
"Somi!"